viernes, 28 de noviembre de 2008

La necesidad de un nuevo paradigma

La nueva ciencia que nace en el Occidente moderno inaugura un paradigma de relacionarse con la naturaleza de consecuencias asombrosas. Morin lo ha denominado "el paradigma de la simplicidad" porque el mismo pone orden en el universo; un orden que se reduce a una ley o a un principio. El principio clásico de la ciencia actual es explicar el fenómeno complejo de la realidad y demostrar que la dispersión, la diversidad y el azar son aparentes, puesto que detrás de ellos hay leyes que gobiernan los elementos fundamentales de la materia y de la vida. Y para ello debe desunir, reducir, es decir, aislar los objetos reducidos a dichas leyes. Sin embargo dichas prácticas, son, actualmente insuficientes.
Tomemos como ejemplo al hombre. El hombre es un ser evidentemente biológico. Es al mismo tiempo un ser evidentemente cultural, meta-biológico y que vive en un universo simbólico de lenguaje e ideas. Pero a estas dos realidades (la bilógica y la cultural) el paradigma de simplificación nos obliga a desunirlas. Vamos entonces a estudiar al hombre biológico en el departaemnto de biología, como un ser anatómico, fisiológico, y vamos a estudiar al hombre cultural en los departamentos de ciencias humanas y sociales. Como dije, con esa voluntad de simplificación el conocimiento científico se daba por misión desvelar la simplicidad escondida detrás de la aparente multiplicidad y el aparente desorden de los fenómenos.
Esa misma obsesión ha conducido a la búsqueda del ladrillo elemental con el cual estaba construido el universo. Hemos, ante todo, creído encontrar la unidad de base en la molécula. El desarrollo de instrumentos de observación ha revelado que la molécula misma estaba compuesta de átomos. Luego, nos hemos dado cuenta que el átomo era, en sí mismo, un sistema muy complejo, compuesto de un núcleo y de electrones. Entonces la partícula devino la unidad primaria. Luego nos hemos dado cuenta que las partículas eran fenómenos que podían ser divididos en quarks. Ahora bien, nos encontramos aquí con entidades difusas, complejas, que no llegamos a aislar: hemos llegado a descubrimientos imposibles de concebir en términos de simplicidad.
Lo que es más, en el siglo XX tuvo lugar un acontecimiento mayor: la irrupción del desorden en el universo físico. En efecto, el segundo principio de la termodinámica es, primeramente un principio de degradación de energía. El priemr principio, que es el principio de la conservación de la energía, se acompaña a un principio que dice que la energía se degrada bajo la forma de calor. Toda actividad, todo trabajo, produce calor, dicho de otro modo, toda utilización de la energía tiende a degradar dicha energía.
Luego nos hemos dado cuenta quee so que llamamos calor, es en realidad, la agitación en desorden de moléculas y de átomos. Cualquiera puede verificar, al comenzar a calentar un recipiente con agua, que aparecen vibraciones y que se produce un arremolinamiento de moléculas. Algunas vuelan hacia la atmósfera hasta que todas se dispersan. Efectivamente, el desorden se encuentra entonces en el universo físico, ligado a todo trabajo, a toda transformación.
Lo que pretendemos ilustrar con estos ejemplos es como nos vamos acercando a un paradigma científico algo diferente del actual, que no solamente nos permite comenzar aconcebir el universo físico de otra manera, sino también considerar al fenómeno de lo humano bajo una nueva perspectiva, que atienda a la complejidad del fenómeno de la vida.

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