miércoles, 3 de diciembre de 2008

¿Quiénes somos? ¿Cuál es el propósito de nuestra existencia? ¿El ser humano se está arriesgando a su propia extinción? ¿Qué es la salud? ¿y el miedo?

Hay 2 preguntas importantes que se debe hacer todo ser humano ¿quién soy? y ¿Cuál es el propósito de mi existencia?
La paz, el amor, la verdad, la creatividad y la armonía son impulsos evolútivos del Universo.El Universo se crea y se re-crea así mismo.La esencia de la creación, son los constrastes , sinó no hay experiencia.
La raza humana lleva sólo 200.000 años de evolución, el Universo tiene 14 mil millones de años y nuestro planeta 5 mil millones de años.Cómo seres humanos debemos pasar de la "supervivencia del más apto" a la "supervivencia de los más sabios".Si logramos pasar a esa etapa, se generará una nueva civilización.Para ello debemos modificar por completo nuestra conciencia ó nos arriesgamos a desaparecer.

La creatividad humana y la tecnología no se pueden detener. Lo que hacemos con la tecnología es lo que depende de nuestra conciencia. La tecnología es maravillosa si la ponemos al servicio de una conciencia constructiva.
En el cuerpo tenemos cien mil millones de células, cada una hace seis mil millones de acciones por segundo y cada célula correlaciona su actividad con las demás. Estás correlaciones existen sin intercambio de energía ni de señales de información.Cada cosa que sucede en el Universo tiene lugar con esa sincronicidad.Es un suceso fuera de las leyes del tiempo, el espacio y la causalidad. Pero es un proceso que sucede cuando estamos en un estado de conciencia espandida. Usted tiene un pensamiento y el Universo responde con creatividad de una forma u otra.
Todo lo que sucede en la Naturaleza, se produce a través de la espontaneidad, sin esfuerzo.Cuando interferimos este proceso natural a través del estres, que es la percepción de amenazas, ya sea en el plano físico, emocional ó psicológico perdemos la salud.
La salud es una totalidad, es sagrada, es sanación, es la experiencia expontanea del concepto de que estamos conectado con todo el Universo.






"Harás que tu vida despegue cuando, primero, logres pensar en ella con suma claridad"



Las creencias dan seguridad.

¿Estamos separados del resto de la humanidad ?

Krishnamurti hablando en Brockwood Park en 1983. Este extracto de vídeo pertence a la serie "El mundo de la Paz" y más concretamente "Sólo en la paz el ser humano puede ser libre".

La sabiduría como clave para el éxito social

Actuar con sabiduría es el mejor comportamiento que se puede esperar de una persona. Una persona sabia nunca se encontrará sola, siempre y cuando ésta no quiera estarlo. Siempre tendrá gente a su alrededor que la admire y que busque sus buenos consejos, es decir, atraerá a los demás hacia su persona, y lo hará de forma humilde, desinteresada, con prudencia y, prácticamente, sin quererlo.
A una persona sabia se la reconoce enseguida por su carácter apacible, sosegado, sereno; inspira confianza en todo lo que dice y hace; nunca se la oirá criticar a nadie sin necesidad, sin que con ello se logre nada positivo; nunca la veremos excesivamente preocupada, ni irritada o molesta. Suele ser una persona que sabe cómo se debe actuar en cada momento y en cada situación. En definitiva, la persona sabia contempla en su vida las cuatro grandes virtudes de las que ya hablaba el rey Salomón en sus escritos: la prudencia, la justicia, la templanza y la fortaleza.
Pero nadie nace siendo sabio, ¿cómo podemos obtener semejante comportamiento? Básicamente con la práctica y la experiencia. El aprendizaje a través del estudio también es algo que puede ayudarnos bastante y de ahí mi interés en proporcionarles materia suficiente para dicho estudio, obtenida de la recopilación de algunos escritos publicados a lo largo de toda la historia de la humanidad.
Tal y como escribió en una ocasión el filósofo griego Aristóteles: “Las cualidades sólo provienen de la repetición frecuente de los mismos actos. No es, pues, de poca importancia contraer desde la infancia y lo más pronto posible tales o cuales hábitos; por lo contrario, es éste un punto de muchísimo interés o, por mejor decir, es el todo.”
O como también escribió el biógrafo y ensayista griego Plutarco: “Toda alma puede y debe hacer su propia educación, formar su virtud trabajando en ello de noche y de día. La pasión no es una enfermedad, sino una potencia del alma: a la voluntad, dirigida por la razón, incumbe gobernarla, ir convirtiéndola mediante una gradación de esfuerzos, en un resorte indispensable: crear, en suma, un hábito del bien.”
Dicho de otra forma, no hay que actuar sabiamente porque pensemos que es lo mejor, hay que hacerlo simplemente porque somos así. Yo sólo les puedo proporcionar la teoría, la práctica es cosa de cada uno.Para concluir este tema les dejaré con un pensamiento del filósofo alemán Immanuel Kant: “Los actos de cualquier clase han de ser emprendidos desde un sentido del deber que dicte la razón, y que ningún acto realizado por conveniencia o sólo por obediencia a la ley o costumbre puede considerarse como moral.”

viernes, 28 de noviembre de 2008

La necesidad de un nuevo paradigma

La nueva ciencia que nace en el Occidente moderno inaugura un paradigma de relacionarse con la naturaleza de consecuencias asombrosas. Morin lo ha denominado "el paradigma de la simplicidad" porque el mismo pone orden en el universo; un orden que se reduce a una ley o a un principio. El principio clásico de la ciencia actual es explicar el fenómeno complejo de la realidad y demostrar que la dispersión, la diversidad y el azar son aparentes, puesto que detrás de ellos hay leyes que gobiernan los elementos fundamentales de la materia y de la vida. Y para ello debe desunir, reducir, es decir, aislar los objetos reducidos a dichas leyes. Sin embargo dichas prácticas, son, actualmente insuficientes.
Tomemos como ejemplo al hombre. El hombre es un ser evidentemente biológico. Es al mismo tiempo un ser evidentemente cultural, meta-biológico y que vive en un universo simbólico de lenguaje e ideas. Pero a estas dos realidades (la bilógica y la cultural) el paradigma de simplificación nos obliga a desunirlas. Vamos entonces a estudiar al hombre biológico en el departaemnto de biología, como un ser anatómico, fisiológico, y vamos a estudiar al hombre cultural en los departamentos de ciencias humanas y sociales. Como dije, con esa voluntad de simplificación el conocimiento científico se daba por misión desvelar la simplicidad escondida detrás de la aparente multiplicidad y el aparente desorden de los fenómenos.
Esa misma obsesión ha conducido a la búsqueda del ladrillo elemental con el cual estaba construido el universo. Hemos, ante todo, creído encontrar la unidad de base en la molécula. El desarrollo de instrumentos de observación ha revelado que la molécula misma estaba compuesta de átomos. Luego, nos hemos dado cuenta que el átomo era, en sí mismo, un sistema muy complejo, compuesto de un núcleo y de electrones. Entonces la partícula devino la unidad primaria. Luego nos hemos dado cuenta que las partículas eran fenómenos que podían ser divididos en quarks. Ahora bien, nos encontramos aquí con entidades difusas, complejas, que no llegamos a aislar: hemos llegado a descubrimientos imposibles de concebir en términos de simplicidad.
Lo que es más, en el siglo XX tuvo lugar un acontecimiento mayor: la irrupción del desorden en el universo físico. En efecto, el segundo principio de la termodinámica es, primeramente un principio de degradación de energía. El priemr principio, que es el principio de la conservación de la energía, se acompaña a un principio que dice que la energía se degrada bajo la forma de calor. Toda actividad, todo trabajo, produce calor, dicho de otro modo, toda utilización de la energía tiende a degradar dicha energía.
Luego nos hemos dado cuenta quee so que llamamos calor, es en realidad, la agitación en desorden de moléculas y de átomos. Cualquiera puede verificar, al comenzar a calentar un recipiente con agua, que aparecen vibraciones y que se produce un arremolinamiento de moléculas. Algunas vuelan hacia la atmósfera hasta que todas se dispersan. Efectivamente, el desorden se encuentra entonces en el universo físico, ligado a todo trabajo, a toda transformación.
Lo que pretendemos ilustrar con estos ejemplos es como nos vamos acercando a un paradigma científico algo diferente del actual, que no solamente nos permite comenzar aconcebir el universo físico de otra manera, sino también considerar al fenómeno de lo humano bajo una nueva perspectiva, que atienda a la complejidad del fenómeno de la vida.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La esperada unión entre ciencia y espiritualidad ya está aquí para cambiar la manera en la que definimos la realidad de la existencia.

Durante centurias las religiones y la ciencia ortodoxa tomaron el control del conocimiento para dividirlo, en una feroz competencia, entre la religiosidad de la Iglesia y el materialismo de la ciencia. Así fue como toda la dinámica universal se consideró un inmenso mecanismo predecible y en el que el hombre no tenía incidencia. Todo estaba en manos de Dios, arbitrando una puja eterna en su creación: entre el bien y el mal, el caos y el orden. Mucho se habla en estos días sobre la Física Cuántica, pero en definitiva, ¿qué es la Física Cuántica? Si comparamos a la Física Cuántica con un sistema monetario basado en el peso, la unidad mínima de dicho sistema es el centavo. La llamada Física Clásica se encargaría entonces de estudiar el sistema a partir de la unidad peso (átomo) mientras que la Física Cuántica lo haría a partir del centavo (cuanto). Entonces esto puede llevarnos a definirla como una ciencia subatómica. La Física Cuántica comienza a abrir un nuevo camino al conocimiento verdadero reconociendo la divinidad en nosotros mismos y el poder de co-creación que todos poseemos. El hombre dejó de ser un “astronauta” del destino para darse cuenta de que puede elegir y crear de forma consciente cómo quiere interrelacionarse con la realidad.

Todo es luz
El término cuántico proviene de quantum, que es la unidad más pequeña que constituye la luz. Los experimentos llevados a cabo en los más avanzados laboratorios que estudian la física de partículas han demostrado que, en el nivel más pequeño de la materia, el nivel de las partículas elementales, todo es energía. Para comprenderlo mejor digamos que la materia es luz condensada. En los laboratorios se descubrió que las partículas y antipartículas se aniquilan entre sí, dando lugar a la aparición de la energía radiante y de la pura energía. En el mundo cuántico surgen procesos de creación y destrucción, demostración científica de que energía y materia no son más que dos polos de la misma esencia, de una única sustancia universal. El hombre mismo está formado de esta misma sustancia universal: luz pura y radiante. Cada uno de nosotros es un sistema de energías en vibración continua. Es decir que las moléculas de que se compone cualquier clase de materia, inclusive nuestros cuerpos, están en constante vibración. Nuestros cuerpos crean, entonces, bandas de energía electromagnética con una determinada amplitud de onda que les permite, al mismo tiempo, emitir y absorber información. Así estamos en continua comunicación con una matriz cuántica universal de carácter holográfico.

Curación cuántica
Este descubrimiento está abriendo las puertas a una nueva terapia de curación que no es física, sino de carácter energético. Durante la segunda mitad del siglo XX, Herbert Fröhlich y Fritz Popp estudiaron este patrón energético de los seres vivos. Se descubrió por entonces que las moléculas vibran al unísono y se comportan como una sola supermolécula, estableciendo un patrón energético coherente y único. Así se pudo detectar una emisión lumínica por parte de los átomos similar a la de un láser. La misma fue conocida con el nombre de “radiación mitogenética de láser” y constituye la clave para asegurar que el ser humano es un complejo cuántico que posee la capacidad de conexión e interacción con el universo; y que su equilibrio, bienestar y salud dependen -como en el caso de una conexión a internet-, de la calidad de recepción y emisión de dicha señal. Para favorecer esta coherencia se puede interaccionar con estos campos sutiles de energía mediante terapias que utilizan luz, escalas cromáticas y frecuencias de sonido que ayudan a reestablecer la comunicación con la matrix.

Las propiedades holográficas
El campo energético biofotónico es holográfico, por lo que posee la propiedad de que la parte (individuo) contiene la información del Holograma completo (Todo). Existe una conectividad instantánea entre la parte y el resto de las otras partes, y entre las partes con el Holograma entero. Aquello que promulga el misticismo que reza “descubrí la verdad dentro tuyo” es una verdad irrefutable en la teoría del Holograma Cuántico. Esta propiedad de no-localidad de información es un principio postulado por la dinámica cuántica en el Teorema de Bell y demostrada en el primer experimento realizado al respecto en el espacio por el astronauta Edgar Mitchell en su misión del Apolo XIV. Nuestro Universo sería un gigantesco almacén de información al que puede accederse desde cualquier otro lugar del universo en cualquier momento que se desee. Al igual que un ordenador central de una red informática, toda la información queda almacenada en un disco rígido al que puede accederse desde cualquier computadora del sistema cuando el operario lo considere oportuno.

Una propiedad fundamental: la conciencia
Puede afirmarse que nuestro cuerpo contiene, entonces, un patrón holográfico de energía que trasciende el marco conceptual de la energía física, ya que sería energía consciente. A niveles cuánticos, la conciencia es parte integrante, esto significa que la realidad cuántica no es objetiva; entonces el observador forma parte de la realidad y tiene incidencia sobre la misma. Esto puede comprenderse bajo un principio clásico de la dinámica cuántica, el de la dualidad onda-partícula: el observador, con el simple acto de observar, determina el estado de la función en onda o en partícula. La visión es una propiedad de la conciencia, entonces la conciencia co-crea lo que observamos. Somos partícipes de un mundo cuántico que cambia de estado de acuerdo a los observadores-participantes de la realidad. La dinámica cuántica es un pilar clave en la unión entre la materia y la conciencia, estableciendo una nueva concepción de nosotros mismos. La dualidad de la existencia onda-partícula (o bien energía-materia) está entonces determinada por nuestra observación. A esto habría que agregarle que el perceptor (sujeto) y la fuente de emisión (objeto) están en una interrelación de resonancia conocida con las siglas PCAR, que permite que la información sea adecuadamente recibida. Esto puede simplificarse asegurando que cada individuo recibe la información que merece o puede entender de acuerdo con su nivel de comprensión y asimilación consciente de recepción. Este proceso calificado de información y regido por ciclos resonantes de retroalimentación es conocido como Bio-Feed Back.

Universo viviente
Si evaluamos la conciencia como un campo matriz podemos especular que el Universo se comporta como un ser vivo. James E. Lovelock fue quien postuló el concepto de la Tierra como un ser vivo, con esencia vital y conciencia. La naturaleza geométrica de la naturaleza, la cual se expande fractalmente, puede aplicarse a nuestro universo y a las leyes que lo rigen. El universo completo podría imaginarse como un gigantesco fractal expandiéndose permanentemente dentro de una matriz energética consciente. Uno de los aspectos cruciales de la comprensión filosófica de la dinámica cuántica es responder a la siguiente pregunta: ¿Qué es lo que mantiene a la luz “condensada” en materia? Queda claro que los procesos cuánticos no son, por sí solos, capaces de mantener la continuidad de la luz en materia. Una de las explicaciones la dio uno de los padres de la física cuántica, Max Planck, al declarar que detrás de la realidad física debe existir una mente consciente que le permita existir. Entonces, detrás de este gigantesco universo debe existir también una gigantesca mente consciente que le da vida y le permite existir materialmente. Como decía el genial escritor Jorge Luis Borges: “Somos pensamientos en la mente de un gigante”.

Por Brad Hunter